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Miembros Fundadores:

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Manifiesto Octubre 2026

Somos sobrevivientes de la ceguera perpetrada por el Estado.

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Venimos de distintos países, de distintas lenguas y de distintas luchas, pero nuestras heridas cuentan una misma historia.

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Nuestros cuerpos cargan marcas que no se pueden esconder. Recuerdan lo que los gobiernos quisieran borrar. Cada cicatriz es una prueba. Cada ojo cegado es un testimonio que permanece.

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En todo el mundo, los Estados recurren cada vez más a las llamadas armas “menos letales” contra la población civil. Presentadas como alternativas supuestamente humanitarias, en la práctica se han convertido en instrumentos de ceguera, mutilación, discapacidad permanente y muerte.

Esto no es un accidente.

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Cuando un Estado provoca deliberadamente daños permanentes en el cuerpo para castigar, intimidar, sembrar terror o reprimir la protesta y la disidencia, la frontera entre el control de multitudes y la tortura desaparece. La mutilación es, en sí misma, una forma de tortura publica. Destruir un ojo, alterar un cuerpo para siempre y condenar a una persona a cargar de por vida con las consecuencias de esa violencia no son formas temporales de dispersar una protesta. Son castigos inscritos en el cuerpo.

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La ceguera deliberada de civiles se ha convertido en una estrategia de la represión estatal contemporánea. Estas armas no son simples herramientas de control de multitudes. Forman parte de un sistema global que combina policías militarizadas, vigilancia impulsada por inteligencia artificial e impunidad.

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Cegar a una persona es intentar silenciar a un testigo, apagar la imaginación, romper el vínculo entre ver y actuar, y enseñar a toda una sociedad a bajar la mirada. La herida se convierte en un mensaje que va mucho más allá de quien la lleva en el cuerpo.

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Rechazamos no solo estas armas, sino también el futuro que buscan imponer: un futuro en el que la vigilancia reemplaza la confianza, el miedo reemplaza la participación y las lesiones permanentes se aceptan como un costo normal de protestar, resistir o disentir.

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Quienes sobrevivimos a la ceguera perpetrada por el Estado somos más que víctimas. Somos memoria viva.

Cargamos un conocimiento que no se produce en laboratorios, no se escribe desde un escritorio y no se aprende leyendo informes. Nuestra experiencia revela el verdadero costo de estas armas. Quienes hemos sobrevivido a ellas debemos ocupar un lugar central en la lucha por abolirlas.

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Nuestra red une a sobrevivientes más allá de las fronteras para fortalecer organizaciones lideradas por

sobrevivientes, documentar abusos, compartir saberes, construir solidaridad y transformar nuestra experiencia común en acción colectiva.

 

La violencia que enfrentamos es internacional. Nuestra resistencia también tiene que serlo.

Exigimos:

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  • La abolición mundial de las armas diseñadas para cegar, mutilar o causar discapacidades permanentes a la población civil.

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  • ​La negociación y adopción inmediata de normas internacionales vinculantes que regulen el desarrollo, las pruebas, la fabricación, la venta, la exportación, la transferencia y el uso de las llamadas armas de "menor letalidad". Hoy no existe un marco jurídico internacional integral que regule específicamente esta industria, a pesar del daño irreversible que provoca.

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  • Investigaciones independientes y la rendición de cuentas de los Estados, las fuerzas de seguridad y los fabricantes responsables de estas lesiones.

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  • Acceso de por vida a atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico, reparación integral y justicia para todos los sobrevivientes.

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  • La participación efectiva y el liderazgo de los sobrevivientes de todas las formas de violencia estatal en las decisiones nacionales e internacionales relacionadas con la regulación del uso de la fuerza, la policía y los derechos humanos.

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Creemos que otro futuro es posible. Un futuro en el que los gobiernos no puedan cegar a su propio pueblo con impunidad. En el que la seguridad pública no se construya sobre el miedo, la vigilancia o la mutilación. En el que quienes han sobrevivido a la violencia estatal contribuyan a construir las leyes y las instituciones destinadas a impedirla.

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Nuestra lucha no es solo contra un arma. Es contra la normalización de la ceguera como método de gobierno y contra una visión de la seguridad que exige a las sociedades renunciar a la libertad a cambio de la ilusión de orden.

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Hasta que ese futuro sea una realidad, nos organizaremos más allá de las fronteras, nos apoyaremos mutuamente y seguiremos luchando por un mundo en el que nadie vuelva a ser cegado por exigir justicia, dignidad o libertad.

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Más allá de las fronteras. Hasta que nadie vuelva a ser cegado.

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